2026 ...

2026

Cada año, cuando llegan estas fechas recuerdo una conversación en la escuela, Juan Manuel era el maestro, de Costur y con trágico final y nosotros tendríamos 8 o 10 años por mucho: . –¿Cómo imagináis que será su vida en el 2000? – Recuerdo el vértigo, la sensación de caer al vacío sin remedio, la atracción fatal del agujero negro, la caída hacia lo desconocido y cuando parecía inevitable: la rama a la que agarrarse, un olor que era casa,- un aroma que en los años he identificado como laurel-, vino del comedor del lector estofado de ternera, no sé, lo que lee ahora, entiendo (o interpreto) con los años y con la voluntad de reescribirme a través de la memoria es que ese perfume de casa me logró aterrizar. ¿Quién sabe si no hubiera sentado por el laurel qué hubiera hecho esa tarde? Buscar a Julio Verne y empezar a especular futuros, quién sabe si ahora sabría algo de física cuántica o quizá a Asimov me hubiera enviado más allá de Orión a distinguir a humanos de replicantes. El aroma fue ancla y seguramente para mí fue el mejor, si no soy capaz de entender todo éste de más aquí, de “más adentro” ve a ver que hubiera hecho en el “más allá”. Ahora el susto no viene de lo desconocido, no viene de las incertidumbres sino de lo vivido y constatado, no lo sabemos todo, ni mucho menos pero sabemos que si dejamos hacer, si nos dejamos llevar no es el mundo que buscamos dónde iremos a parar. En ese momento fue el rescoldo de las ollas lo que me fijó a ese presente y ahora son los deseos de seguirles transmitiendo los que me dan las asas a las que agarrarme, será la rama a la que nos colgaremos para no caer al vacío. Queda esperanza y mucha tiene que ver con el alimento, con la forma de obtenerle en cómo es finalmente distribuido.

Conciencia, tiempo, paciencia y aprecio: Bueno, limpio y justo.

2026 decimos, el invierno ya va de bueno y aunque aquí comemos pelotas de magro y sangre no podemos olvidarnos de Ucrania, del frío y sobre todo, por la magnitud, de Gaza y Palestina en general.

Charcos, barro, viento…frío, soledad, olvido…vergüenza.

 Queremos un mundo del que sentirnos orgullosas, no dejamos de hablar de las injusticias, en ningún ámbito, porque si no seremos arrastrados y no encontraremos ninguna rama a la que agarrarnos, ni fe ni hoja de laurel.

Feliz 2026, para que pueda ser más digno que en 2025, ¡salud!

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