Comemos, bebamos y celebramos, que mañana no sabemos…
Las contradicciones nuestras de cada día, (celebramos también), son las que nos permiten un encabezamiento como el de arriba y un párrafo como el próximo,
¿Cómo se hace para enfocar, para concentrar y desarrollar (sin reservas ni culpas) un trabajo profesional (insignificante y prescindible como el nuestro) en un mundo tan cruel y salvaje como la naturaleza y tan artificial, calculador y maquiavélico a la vez? Cómo seguir en la nuestra, -preocupados por una hipoteca o sufriendo porque llega el cargo de la seguridad social- sabiendo cuántos problemas de verdad ocupan a tantos niños y tantos padres y madres.
¿Cómo se mira? ¿Cómo se respira, cómo se hace?
La respuesta seguramente son otras preguntas: ¿Qué podemos hacer de forma diferente para al menos no cargarnos con mayor peso? Como no debemos aprovechar la suerte que hemos tenido de vivir en la yema del huevo, de ser el resultado de esta concatenación de casualidades que nos ha llevado a Vivir, y en lo alto: ¿Aquí? Pesa más la alegría y el agradecimiento pero nunca olvidemos la carga, nunca olvidemos que nada es en vano.
Todos los colores del verde:
Nunca nos toca una buena primavera: si hela por la almendra, si hace calor para que seca, espiga y reseca, si no llueve porque hay seca. Si hace aspereza porque viene el viento y esparce, esconde y agobia, si no para de llover porque el barro lleva la hierba y ésta la caparra… ¿y si, como este año, hace la hora que toca? Siempre puede aparecer Trump
Estamos condenados a no poder levantar la cabeza, sólo se nos permite mirar aquí y ahora, a nuestros pies ya nuestro alcance. Quizá sea eso y dejarnos estar de romances.
Abrir un grifo y que salga agua, incluso caliente.
Abrir la nevera y poder elegir.
No tener frío, hambre, sueño ni sed. ¿Qué más hace falta?
“El eterno retorno”: la engañosa ilusión de creerse los hitos ganados, de pensar que hacia atrás ya no, que a lo sumo: “cómo estamos”, pues no, seguramente nunca, pero ahora menos.
Un pueblo, un negocio, un vecindario, una familia, tú, yo. Nada está asegurado, no sabemos lo que quedará mañana en cuanto: Gracias por el “hoy”, enhorabuena por el “ahora”, ojalá por el “mañana” ya disfrutar de todo, lo que, una vez nos levantamos cada mañana de la cama, nos encontramos por el camino.
¡Gracias, de nuevo, y buen provecho!
Comemos, bebamos y celebramos que a la muerte ya llegaremos
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